La metáfora de la Guerra Fría: el Ajedrez

23 Dic

Fischer, a la derecha, contra Spassky, en la final del Campeonato del Mundo de 1972

El ajedrez fue realmente la metáfora de la guerra fría, la importancia de este juego de reyes en la sociedad comunista soviética le agregó significado. Aun siendo una potencia, la tecnología rusa estaba pasos atrás, en términos militares y económicos, con respecto a las potencias occidentales; sin embargo, en el ajedrez los rusos eran incontestables.

El desarrollo de algunos torneos de este juego se transformó en una de las válvulas de seguridad que controlaban la presión de la guerra fría, realmente, en algunos casos fue realmente un campo de batalla en el que se desarrolló alguna confrontación de la guerra fría. ¿Cómo se llegó a convertir símbolo de este período?

“En estos momentos de confrontaciones mundiales que se deben a sistemas ideológicos muy diferentes, el ajedrez puede y es capaz de aglutinar a gentes de países con sistemas políticos diferentes”

Esta frase, pronunciada por Ernesto “Che” Guevara, revolucionario y gran amante de este juego, nunca tuvo más significado como el 11 de julio de 1972,  en la fría y lejana Reykjavik, en Islandia.

Robert James Fischer, de Estados Unidos, frente al campeón mundial, Boris Spassky, de la URSS, disputaban mucho más que un título de ajedrez. La Guerra Fría se materializaba en piezas blancas y negras.

Dos meses después, Bobby Fischer se convertía en el primer estadounidense en alcanzar el título de campeón mundial de ajedrez y con su triunfo rompía una hegemonía de 35 años. Acabada la Segunda Guerra Mundial la URSS era la superpotencia mundial en el ajedrez. Estados Unidos, había sido el país más fuerte en dicho juego en los años 30 del siglo XX, en parte debido a la inmigración judía desde Europa, por ello acusó grandemente la derrota que sufrió a manos de los soviéticos en el primer torneo internacional de importancia, efectuado en septiembre de 1945.

Imagen del Hotel Hudson, NY, en 1945, una de las sedes del torneo USA-URSS

Se trató de un torneo transmitido por radio, con dos sedes, en los EE.UU. en el Hotel Hudson de Nueva York, y en la URSS, en el Club Central de Ajedrez de Moscú. Aquel torneo acabó con un marcador de 15,5 a favor de los soviéticos por sólo 4,5 por parte de los norteamericanos. Desde ese momento la única competencia seria que tendría la superpotencia ajedrecista sería la de sus propios estados satélites.

La verdadera base de la escuela soviética era su colosal infraestructura, que logró incorporar a millones de jugadores. A medida que la enorme campaña soviética de entrenamiento dio frutos y literalmente cientos de jugadores alcanzaron un nivel de “maestro” o “gran maestro” entre los años 40 y 60, se creó un formidable sistema de recompensas y sanciones, plagado de luchas internas y denuncias.

Fidel Castro entrega un premio al capitán del equipo soviético de ajedrez

Sin embargo, así como el ajedrez reflejó la guerra fría, también marcó la caída del comunismo. En 1972, el genio norteamericano Bobby Fischer se convirtió en el primer occidental en desafiar a un campeón mundial soviético, Boris Spassky. La partida se celebró en Reykiavik (Islandia). Los pormenores de aquella extraordinaria partida han sido narrados una y otra vez: se sabe que las exigencias de Fischer amenazaban con abortar el evento antes de que empezara; que Henry Kissinger llamó a Fischer por teléfono para persuadirlo a jugar; que el capitalista británico Jim Slater dobló el premio monetario.

Finalmente apareció Fischer y, tras algunos titubeos, acabó venciendo a la maquinaria soviética. La guerra fría empezaba a vivir su época crepuscular, y el último gran torneo de este período no se iba a disputar entre los dos bloques, sino, curiosamente entre dos ajedrecistas soviéticos: Anatoly Karpov y Garri Kasparov. Una lucha que duraría 144 partidas y diez años, de 1985 a 1995. Karpov repesentaba al decadente poder soviético, comunista, que estaba a punto de desaparecer, Kasparov, por contra, se identificaba con la perestroika y los nuevos aires que parecía traer consigo Mihail Gorbachov.

La España franquista no fue ajena a ese tablero mundial de guerra fría, también tuvo a su héroe ajedrecista Arturo Pomar y el régimen también lo usó como elemento de propaganda, aunque eso sí, a un nivel mucho menor.

Ahora, veinte años después de la caída del muro de Berlín, del símbolo de la guerra fría ¿qué ha sido de todos estos “guerreros”?:

  • Bobby Fischer desapareció, durante años nadie supo nada de él… Hasta que reapareció en 1992 para jugar un torneo contra Spassky ,en Yugoslavia, cuando esta nación estaba sometida a un embargo por parte de Naciones Unidas, lo cual convirtió su participación en dicho torneo en un delito. Murió en Islandia en 2008.
  • Boris Sapssky, se nacionalizó francés en 1976, participó en el torneo de 1992 contra Fischer y sufrió un derrame cerebral en 2006. Participó nuevamente en una exhibición en 2007.
  • Anatoly Karpov, se mantuvo en los puestos más elevados del ranking mundial hasta 1998, desde entonces ha ido desapareciendo de esos primeros puestos. Ha sido Diputado en el parlamento ruso y presidió la Comisión para los damnificados de Chernobyl.
  • Garri Kasparov, perdió su título mundial en 2000 frente a Kramnik, anunció su retirada del ajedrez en 2005. Desde entonces está metido en política y se ha alzado como una voz verdaderamente crítica contra Vladimir Putin.
  • Arturo Pomar, abandonado por el régimen franquista cunado más ayuda necesitaba, tuvo que aprobar unas oposiciones a Correos para poder ganarse la vida.

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