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Paseo mortal

28 Jun
Dibujo de 194 representando el asesinato de Francisco Fernando de Austria a manos de Gavrilo Princip

Dibujo de 194 representando el asesinato de Francisco Fernando de Austria a manos de Gavrilo Princip

Hoy hace cien años un paseo terminó de poner a punto la máquina que llevaba años preparándose en Europa. Hoy hace cien años el archiduque Francisco Fernando de Austria fue asesinado mientras paseaba por Sarajevo en un coche descubierto. La versión canónica de la historia que aprendimos de niños en el colegio nos dice que ese fue el desencadenante de la I Guerra Mundial. No podemos decir con rotundidad que no lo fuese, pero no es menos cierto que cualquier otro suceso de una gravedad similar hubiese hecho arder la falla que era Europa en aquellos días del comienzos del verano de 1914.

Llevo una semana corrigiendo exámenes de oposiciones, muchos de ellos correspondían al tema “Los estados balcánicos en el siglo XX” y, obviamente, el suceso de Sarajevo siendo predominante a la hora de justificar el inicio de la Gran Guerra. El peso de la tradición sigue siendo mayúsculo, a pesar de las nuevas obras que, no sólo en este año de efemérides sino desde mucho antes, han ido dejando de lado esta preponderancia del atentado como motor desencadenante del conflicto de 1914-1918 (Sleepwalkers de Christopher Clark o The war that ended peace, The road to 1914 de Margaret McMillan)

 http://www.youtube.com/watch?v=jaIg-dAaeBY

Especial BBC sobre el atentado. Reviva minuto a minuto el suceso de Sarajevo

Lo cierto es que en las décadas anteriores habían sido bastantes los atentados y magnicidios, ya en Europa ya en los Estados Unidos: Cánovas, el presidente McKinley, la emperatriz de Austria , la famosa Sissi... Pero este magnicidio, el asesinato de Francisco Fernando, reúne  los elementos adecuados para convertirlo en el fulminante que haría estallar la gran bomba que era la Europa de aquellos años. Gavrilo Princip no supo ver que aquellos disparos sólo eran los primeros de los muchos millones que resonaría a lo largo de los siguientes cuatro años, no sabía siquiera que Francisco Fernando era la primera víctima de la primera guerra de alcance mundial, la que durante dos décadas antes de 1939 sería considerada como la Gran Guerra

Otro centenario… 1914

29 Dic

La que se nos viene encima.

Otro centenario, aun faltan ocho meses para agosto, pero ya andamos con los cien años del inicio de la Gran Guerra, que vista en perspectiva ya no es tan grande, tanto que ha quedado reducida a ser la I Guerra Mundial, que no es poco.

Una gran oportunidad para recuperar un tema que, por lo general, apenas tocamos con la importancia que merece en la asignatura de primero de bachillerato. La guerra que acabó con el largo siglo XIX, la que modificó el mapa del Congreso de Viena, pero una guerra que queda francamente lejos de España, mucho más que la II Guerra Mundial en la que, de un modo u otro, nos vimos bastante implicados. Cuatro años son los que se nos vienen  encima de conmemoraciones: los asesinatos de Sarajevo, el estallido de la guerra, Verdún, el Somme, la revolución de octubre de 1917 y, por fin, el armisticio de noviembre de 1918, son sólo algunos de los hitos que nos irán recordando sucesivamente durante los próximos cuatro años.

En fin, otro centenario. Es lo que tiene la Historia, que está llena de centenarios.

31-I-1943, Stalingrado

28 Ene

El último día del primer mes del año 1943, el 6º Ejército alemán comandado por el Generalfeldmarschall Friedrich Paulus se rendía, habían agotado sus municiones, era imposible seguir combatiendo.

El MAriscal PAulus y sus ayudantes camino del cautiverio, el 31/I/1943

El Mariscal Paulus y sus ayudantes camino del cautiverio, el 31/I/1943

En poco más de cinco meses había muerto entre tres y cuatro millones de personas, entre combatientes y civiles unos defendiendo y otros atacando una ciudad que podía ser o la puerta a los pozos petrolíferos del Cáucaso o la tumba de la Wehrmacht. Pero ¿Por qué Stalingrado? ¿Por qué esa necesidad de tomar esa ciudad al sur de la URSS?

La ciudad tenía una importante industria militar (Satlingrado tenía las fábricas de tractores Octubre Rojo y de cañones Barricady), y poseía el nudo ferroviario crucial de la línea que unía Moscú, el mar Negro y el Cáucaso, existiendo igualmente un puerto fluvial en servicio para la navegación por el Volga. La urbe se extendía unos 24 kilómetros a lo largo de la orilla occidental del Volga pero con menos de diez kilómetros de anchura. No existía ningún puente cruzando el río, empleándose grandes barcazas para comunicar ambas orillas. La orilla oriental apenas estaba poblada. Es importante considerar que llegado el invierno, el Volga se hiela con una capa muy gruesa, permitiendo el paso de vehículos pesados. Además, también estaba la importancia simbólica de ser la ciudad que tenía el nombre de Stalin.

Vista aérea de Stalingrado, 28/10/1942

Vista aérea de Stalingrado, 28/10/1942

El 19 de julio de 1942, Stalin ordenó que Stalingrado quedase en estado de sitio, esto significaba que ningún civil abandonaría la ciudad, la idea era forzar aun más la moral de combate de la milicia local al tener que defender la ciudad donde estaban aun sus familiares. Por otro lado, se enviaban contingentes de tropas, muchos de ellos cafentes incluso de armamento, ordenando ataques masivos frontales con altos índices de bajas, que aumentaban ante la imposibilidad de retroceder debido a la orden 227: “Ni un paso atrás”, una línea defensiva a retaguardia disparaba contra las tropas rusas que intentasen retroceder.

"Ni shagu nazad"! "¡Ni un paso atrás!"

“Ni shagu nazad”! “¡Ni un paso atrás!”

Esta escena de Enemigo a las puertas, de Jean Jacques Annaud (2001), recoge con bastante fidelidad uno de esos ataque masivos y la férrea aplicación de la orden 227

Stalingrado tiene el dudoso honor de haber sido otra de las ciudades víctimas de bombardeos aéreos ordenados por el general Wolfram von Richthofen, el mismo que había comandado la Legión Cóndor durante la guerra civil española; fueron sus Heinkel He-111 los que iniciaron el ataque sobre la ciudad, que sería alcanzada casi de inmediato por el 6º Ejército. El avance fue rápido, arrollador, las fuerzas alemanas tenían alta la moral y esperaban una rápida caída de la ciudad. Mientras tanto, poco más de 40.000 soldados rusos defendían la ciudad, desconocían, porque así debía ser, que el mariscal Chuikov  llegaba a la ciudad para dirigir la defensa… o morir en el intento, esas eran las órdenes que había recibido del mariscal Zhúkov.

Chuikov reforzó las maltrechas defensas y reorganizó las escasas fuerzas que en ese momento quedaban en la ciudad, situó su artillería e la banda oriental del Volga y ordenó el despliegue de francotiradores, entre ellos el mejor de todos: Vasili Záitsev, sobre quien versa la película Enemigo a las puertas. Conforme avanzaba el otoño y se acercaba el invierno el asedio se fue haciendo más y más tenaz por parte de los alemanes y aun más férrea fue la defensa por parte del Ejército Rojo. Entre quienes permanecieron en la defensa de Stalingrado (aunque sin tener un papel muy destacado en la misma ) figuraba Nikita Jrushchov, posteriormente Secretario General del PCUS y sucesor de Stalin al frente de la URSS.

De izquierda a derecha Jrushchov, Zhúkov y Chuikov

De izquierda a derecha Jrushchov, Zhúkov y Chuikov

A partir del mes de septiembre se inició lo que se ha dado en llamar la Rattenkrieg, o guerra de ratas, es decir, el combate casa por casa, casi cuerpo a cuerpo. Las bajas alemanas se dispararon, ya que el soldado alemán no estaba entrenado para combatir en las calles. En este campo de batalla, los alemanes estaban bajo constante tensión ya que el soldado soviético se había convertido en un maestro del camuflaje y las emboscadas eran comunes. Los defensores de la ciudad preferían atacar de noche, neutralizando el peligro de los bombarderos alemanes. Además, durante la noche los bombarderos rusos pasaban sobre la ciudad arrojando pequeñas bombas de 400 kilogramos. Finalmente, el 6.º Ejército solicitó a la Luftwaffe que mantuviera la presión sobre la aviación soviética en la noche, porque «las tropas no tienen descanso». Si los bombardeos nocturnos, las minas antipersonales y las emboscadas de la infantería enemiga no eran suficientes para mantener alerta a los alemanes en Stalingrado, los francotiradores sí lograron captar la atención de los oficiales germanos. El número de oficiales muertos por francotiradores, especialmente los observadores también se disparó y muy pronto se tuvo que recurrir a realizar promociones prematuras, con el fin de reemplazar a los caídos.

Francotiradores rusos en acción

Francotiradores rusos en acción

Las órdenes de Chuikov fueron extremas, todo ello con la finalidad de desgastar al enemigo: miles de soldados sin experiencia eran enviados a apoderarse de las trincheras alemanas con el resultado de grandes carnicerías; sin embargo, fue ese tremendo costo y derroche de vidas soviéticas lo que logró terminar con la superioridad técnica alemana. La ciudad se volvía repulsiva y pútrida: los cadáveres de ambos bandos se descomponían bajo los escombros. La pestilencia y las enfermedades pronto se hicieron sentir. Aun en medio de semejante carnicería la Feldgendarmerie (Policía Militar alemana) seguía capturando judíos y haciendo cautivos a civiles que fueran aptos para el trabajo; los Sonderkommandos de los Einsatzgruppen ejecutaron sobre el terreno a unos 3.000 civiles judíos, muchos de ellos niños. Los Sonderkommandos se retiraron de Stalingrado el 15 de septiembre, cuando ya habían matado a casi 4.000 civiles.

Después de las ofensivas de septiembre, hacia mediados de octubre los alemanes tenían controlado un 80% de la ciudad, aunque eso no significaba que la tuviesen dominada. Ese mismo mes, Hitler y sus comandantes se percataron de que no podrían tomar la ciudad en otoño. Comenzaron, pues los preparativos para pasar allí el más crudo de los inviernos. Para fines de octubre enfermedades como la paratifoidea, el tifus, la disentería, empezaron a hacer estragos entre las unidades alemanas, el propio Paulus estaba afectado de disentería y ya era víctima de convulsiones nerviosas. A fines de octubre los alemanes se enteraron por medio de prisioneros de que los rusos preparaban una gigantesca contraofensiva. Ellos mismos habían notado los movimientos en sus flancos. Para protegerse, Paulus había levantado una barrera en su flanco izquierdo para prevenir los ataques procedentes por el norte, sirviéndose de las unidades rumanas.

Soldados rumanos durante la invasión de Rusia

Soldados rumanos durante la invasión de Rusia

El 19 de noviembre de 1942,con temperaturas que rondaban los -19º,  3.500 cañones rusos comenzaron a machacar las líneas enemigas más débiles , estas eran las formaciones rumanas que se encontraban escasas de material antitanque. Después de una hora de martilleo, los batallones de fusileros avanzaron sobre las filas de rumanos. Éstos pudieron contener bravamente las primeras oleadas de atacantes y luego fueron arrasados por carros de combate T-34 hacia el mediodía. Los rumanos echaron a correr perseguidos por los soviéticos. Los comandantes del 6° Ejército alemán no tomaron en serio el ataque hasta que fue muy tarde, los Stukas acudieron al lugar del desastre y ya nada se pudo hacer, salvo ametrallar a los fusileros rusos.

El sector Sur fue también atacado con éxito y las columnas de la trampa avanzaron sin grandes reveses. El objetivo donde convergían las tenazas de la trampa era el pequeño pueblo de Kalach y su puente, donde los alemanes no poseían una fuerza para enfrentar la amenaza y donde quedaban expuestos sus talleres y depósitos de suministros. El desastre era total, el VIº Ejército de Paulus quedó encerrado en Stalingrado con unos 250.000 hombres y sin suministros mayores.

Hitler se negó a aceptar que el grueso del 6º Ejército saliese hacia el Sudoeste, hacia el Don y exigió a Paulus y sus hombres mantenerse en la ciudad  ylas vanguardias enviadas en dirección Sudoeste  tuvieron que volverse en una penosa retirada . Hitler consideraba que la situación no estaba aún perdida y podría repetirse la situación producida en febrero de ese mismo año en la Bolsa de Demyansk, donde una gran masa de soldados alemanes pudieron resistir un prolongado cerco soviético mediante un puente aéreo. El jefe máximo de la Luftwaffe, Hermann Goering, sin consultar a sus asesores técnicos prometió a Hitler que sus aviones podrían realizar un vasto abastecimiento desde el aire. Esta promesa, hecha sin ningún conocimiento de la situación sobre el terreno, exasperó al general Von Richtofen, el tiempo nublado y las tormentas de nieve impedirían volar a los aviones de forma sostenida e incluso haría imposible siquiera que despegasen. En estas condiciones Paulus radió un mensaje directo a Hitler:

“Mi Führer: se nos agotan las municiones y el combustible. Abastecimiento suficiente y oportuno es imposible. En estas circunstancias, solicito plena libertad de acción”.

Menos de 4 días de lucha fueron suficientes para que se cerrasen las tenazas soviéticas. El 24 de noviembre ya era imposible fugarse de Stalingrado. La División 94º intentó unilateralmente evacuar su sector y forzar el bloqueo, esperaba que las demás divisiones le siguieran en su retirada no autorizada. Apenas dejó su posición, le cayó encima el 62º Ejército Soviético y muchos de sus batallones fueron aniquilados sin contemplaciones, no hubo prisioneros.

Goering detenido para los juicios de Núremberg

Goering, detenido para los juicios de Núremberg

Goering  prometió abastecer a los sitiados con 500 toneladas diarias de pertrechos, pero en tres días los aviones apenas lograron llevar 130 toneladas. Los vuelos nunca fueran realmente permanentes, los aviones no podían despegar de sus bases, o simplemente no podían aterrizar en Stalingrado. La situación aun empeoró cuando los soviéticos atacaron la principal base aérea de suministros, el aeródromo de Pitomnik, acentuando la escasez de aviones de carga para las operaciones del puente aéreo. Los soviéticos lanzaban bengalas desde posiciones recién tomadas para hacer creer a los aviones de abastecimiento que en ese emplazamiento todavía quedaban soldados fieles al Reich que solicitaban suministros. Las provisiones caían en manos soviéticas dejando a los alemanes desprovistos de todo pertrecho.

Oficial del Ejército Rojo arengando a las tropas antes de un contraataque en Stalingrado. A su espaladas, vistiendo pantalones con línea roja, los Comisarios Políticos

Oficial del Ejército Rojo arengando a las tropas antes de un contraataque en Stalingrado. A su espaladas, vistiendo pantalones con línea roja, los Comisarios Políticos

A principios de diciembre, comenzaron las primeras muertes por inanición. A pesar de todo, la disciplina se mantuvo y la organización funcionó regularmente. Stalingrado era una olla (Der Kessel) donde, sin agua ni alimentos suficientes, atacados por las epidemias y en medio del pútrido olor a descomposición, los alemanes se aprestaron a sufrir un largo asedio. Hitler, tomó una de sus decisiones que no obedecían a lógica alguna: nombró a Paulus Mariscal de Campo, ya que ningún mariscal se había rendido en la historia militar alemana y esperaba que Paulus se suicidara antes de caer prisionero de los soviéticos. Pero los informes de las penurias que soportaban los soldados y que el mismo Paulus observó al revisar las tropas del frente, lo tranquilizaban al pensar que se había dado todo en la lucha y lo eximia personalmente de las obligaciones con este «cabo» que dirigía al país; de hecho, privadamente Paulus informó a los otros generales que él no se suicidaría. Además de estos 250.000 soldados alemanes atrapados en Stalingrado, unos 10.000 civiles rusos también quedaron atrapados en la bolsa, de ellos nunca se volvió a tener noticia.

Tras la caída de Pitomnik el 16 de enero sólo quedaba el improvisado aeródromo de Gumrak, más pequeño y en peores condiciones que el de Pitomnik, pero Gumrak también cayó en manos soviéticas el 23 de enero. A partir de ese día las hambrientas tropas alemanas sólo pudieron recibir provisiones mediante cajas lanzadas en paracaídas por la Luftwaffe, lo cual no aseguraba que la carga llegase a destino: soldados soviéticos a veces se quedaban con las provisiones, éstas caían al río Volga, o simplemente las tropas germanas estaban muy agotadas y hambrientas para buscar dichos suministros entre las ruinas de la ciudad.

Sólo una semana después, el Mariscal Paulus se convertía en el primer oficial alemán de ese rango que se rendía al enemigo. Oficialmente 91.000 fueron los prisioneros de la batalla final de la Ciudad de Stalingrado; de estos muy pocos estaban vivos para el comienzo de la primavera (solo 5.000 a 6.000 alemanes sobrevivieron hasta el fin de la guerra) debido a epidemias de disentería y de tifus entre los prisioneros.

Alemania perdía la iniciativa de la guerra y tenía que colocarse a la defensiva. Después de esta batalla la Unión Soviética surgió engrandecida y con la iniciativa de la guerra que la asolaba en las manos de sus líderes. Hermann Goering, cayó en desgracia ante Hitler perdiendo crédito entre la élite del régimen nazi así como prestigio entre los militares, al no poder cumplir la orden de abastecer por aire a las fuerzas alemanas cercadas. El III Reich perdió todo el 6.° Ejército y parte del 4.º Ejército Panzer, e incontables recursos materiales que no se pudieron reemplazar con la misma facilidad con que la URSS podía con sus propias bajas (aún más terribles incluso que las alemanas). De hecho, entre muertos, heridos y prisioneros la Wehrmacht había perdido más de 200.000 combatientes, muchos de ellos experimentados, que serían muy difíciles de reemplazar en poco tiempo.

Esta fuente era conocida como Druzhba, que en ruso significa "amistad" y fue construida en 1933. Se encontraba en la plaza Privokzalnaya. Fue construida por un cuento para niños escrito en 1929, del escritor ruso Kornei Ivanovich Chukovskii. En 1948, durante la reconstrucción de Stalingrado, los bulldozers la arrasaron y no fue reconstruida.

Esta fuente era conocida como Druzhba, que en ruso significa “amistad” y fue construida en 1933. Se encontraba en la plaza Privokzalnaya. Recuerda a un cuento para niños escrito en 1929, por el escritor ruso Kornei Ivanovich Chukovskii. En 1948, durante la reconstrucción de Stalingrado, los bulldozers la arrasaron y no fue reconstruida.

Los soviéticos, aparte de recibir una ciudad prácticamente destrozada, sufrieron un millón de muertos civiles y más de 1.000.000 de bajas militares. De estos, unos 13.000 habían muerto ejecutados por sus propios compatriotas, acusados de cobardía, deserción, colaboracionismo, etc. Las cifras nunca serán exactas, debido a la ausencia de registros fiables y la proliferación de fosas comunes no contabilizadas; lo más probable es que el costo de vidas de todas maneras sea increíblemente alto y rebase los dos millones de individuos. Según el cálculo más alto, si se incluyen a todas las fuerzas que pelearon en el Volga, murieron o fueron heridos 350.000 soldados del Eje y mas de 1.000.000 de soldados soviéticos (incluyendo prisioneros muertos en cautiverio y heridos muertos tras ser evacuados) y cerca de 2.000.000 de civiles rusos encontraron su fin (incluyendo refugiados y gentes que vivían en pueblos y ciudades donde también se combatió).

El triunfo inspiró a todos los aliados, incentivando la resistencia en todas partes. El rey Jorge VI de Inglaterra le regaló a la ciudad una espada forjada especialmente en su honor, y hasta el poeta chileno Pablo Neruda escribió el poema «Canto de amor a Stalingrado», recitado por primera vez el 30 de septiembre de 1942 y el poema «Nuevo canto de amor a Stalingrado» en 1943, celebrando la victoria, lo cual transformó esta lucha en un símbolo y en un punto de inflexión para toda la guerra.

El mariscal Paulus volvió a Alemania en 1952, viviendo en la zona de ocupación soviética y luego en la RDA.  Antes del colapso de la URSS en 1991 estaba prohibido calcular el número real de bajas por temor a reconocer que el sacrificio de vidas fue excesivo; hoy se sabe que allí murieron aproximadamente más de dos millones de soviéticos entre civiles y militares.

Desde un punto de vista puramente historiográfico recomiendo la lectura de Stalingrado, de Antony Beevor; si, por el contrario, se desea hacer una acercamiento más literario, pero no por ello menos certero, es de obligada lectura la obra de Vasili Grossman Vida y destino. Para aquellos que siempre “esperan a que salga la película” (para no tener que leer  o simplemente a aquellos que además de leer nos gusta el cine) recomiendo, vivamente dos películas: Stalingrado, un filme alemán del año 1993, dirigido por Joseph Vilsmaier, se centra en el sufrimiento de los soldados alemanes en dicha batalla. Por contra, Enemigo a las puertas, 2001, de Jean Jacques Annaud, se centra en la figura del francotirador Vasili Záitsev.

Fuentes de información no faltan y seguro que no faltarán en este 70 aniversario.

La carrera del siglo: Amundsen vs. Scott

14 Dic

Robert F. Scott, de pie en el centro, 18 de enero de 1912, 90º S. Le acompañan: Oates, a su derecha, Wilson, a su izquierda; sentados de derecha a izquierda Bowers y Evans

Sí, ya lo se, no soy nada original al titular este post. Pero realmente esa sí que fue la carrera del siglo, la que emprendieron estos dos exploradores antárticos: uno, el noruego Amundsen se llevó la gloria de ser el primero en alcanzar en primer lugar los 90º Sur, el otro, el británico Scott se convirtió en el héroe romántico que acabó sus días en una tienda cuando regresaba del Polo Sur, frustrado tras descubrir que alcanzaba esa latitud algo más de un mes después que su rival noruego. Y, sin embargo, Amundsen siempre viviría a la Sombra de su fallecido rival.

Ruta de las expediciones de Scott y Amundsen

Cien años han pasado ya desde esos días en que estos dos hombres, y los demás miembros de sus expediciones, lucharon denodadamente por ser los primeros seres humanos en poner una bandera en el extremo sur de nuestro planeta. Una aventura desmesurada en aquellos días, donde primaba la obcecación nacionalista por encima de cualquier otra ambición, en la que se pretendía la reclamación del territorio recien conquistado para la nación que primero la alcanzase.

Afortunadamente, la Antártida sigue siendo un territorio, libre, sin dueños, pero donde un buen puñado de naciones, entre las que se cuenta España, han enviado expediciones científicas e incluso instalado estaciones permanentes. Pero donde también resulta obvio que todas estas naciones aspiran a explotar los supuestamente ingentes recursos naturales de este continente.

El Endurance a punto de hundirse

A pesar de las heroicidades de estos dos exploradores me sigo quedando con la epopeya de Ernest Shackleton, el hombre que convirtió un fracaso en un éxito. Intentó atravesar la Antártida en el fatídico año de 1914. Su buque, el Endurance, quedó atrapado entre los hielos y a partir de ahí comienza una increíble odisea por la pura supervivencia de todos los miembros de la expedición, objetivo finalmente logrado por Shackleton en 1916. Dado que toda la tripulación del Endurance sobrevivió sin perder un solo hombre, las acertadas y riesgosas decisiones de Shackleton en esta ocasión continúan siendo puestas como modelo de liderazgo en condiciones extremas.

Miembros de la expedición de Amundsen en el Polo Sur entre el 15 y el 18 de enero de 1911

Ps.: Escribo esto mientras mis hijos ven un capítulo de Phineas y Ferb en el que cantan una canción que habla de rendiciones, precisamente lo único que no hicieron Scott ni Shackleton: Rendirse.

Especial sobre el centenario de la conquista del Polo Sur en el diario El Mundo

Scott, el hombre que murió por ser el segundo, en el diario ABC

Amundsen: “¿El capitán Scott? No se nada…”, en el diario ABC

La disputada conquista del Polo Sur, en la Hemeroteca de La Vanguardia

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