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Richard Wagner y las “ganas de invadir Polonia”

23 May

Lo confieso: me gusta Wagner y, por lo general no me entran ganas de invadir Polonia. Personalmente, cuando escucho la música de Wagner tengo recuerdos una serie de tv sobre el compositor que vi allá por los años ochenta y, sobre todo, me recuerda a otras dos referencias audiovisuales:

El primero, mi primer acercamiento a Wagner un poco sui generis, todo hay que decirlo

Como decían en la memorable serie Rockefeller Plaza: “¡Matar al conejo!”

El segundo es el más repetido y, quizás, en el que mejor casan imágenes y banda sonora:

Se han dicho muchas barbaridades sobre Wagner, entre otras lindezas la de considerarlo nazi, algo bastante complicado, toda vez que nació en 1813 y murió setenta años después, en 1883, aun quedaban algunos años para que Adolf Hitler escribiese su Mein Kampf y naciese, como tal, la ideología nacional socialista. Tuve la fortuna, cuando era un adolescente estudiante de BUP, de tener un magnífico profesor de alemán en mi instituto que nos ayudó a perfilar una imagen más realista del genial compositor alemán. Por cierto, que este profesor no era sospechoso precisamente de ser nazi, ni siquiera derechista y, por más señas, era de Albacete.

Richard Wagner

Richard Wagner

Richard Wagner sólo tiene la culpa de ser un nacionalista alemán, por cierto, lo fue en una época en que la idea de una Alemania unida aun se estaba forjando, una Alemania unida que él sólo conocería en el tramo final de su vida. Sin embargo, los nazis sí tienen mucho que ver en la creación de este falso mito, se apropiaron de su música, de su estética y desde entonces, como hace Woody Allen en ese diálogo al principio de este post, hemos asociado la música de Wagner a los males del nazismo, a los horrores de la Segunda Guerra Mundial. También es cierto que escribió algunos textos antisemitas, pero no es menos cierto que en su círculo de amistades había una gran cantidad de judíos y no eran pocos, precisamente, los seguidores judíos de su obra.

En su juventud fue un anarquista revolucionario, fue compañero de barricadas de Mijail Bakunin. Lo cierto es que el compositor fue un hombre lleno de contradicciones, más o menos como todo el mundo. De hecho, aunque nacionalista y, en buena medida, recreador de mucha de la mitología alemana, Wagner tuvo innumerables muestras de desprecio hacia la forma que estaba tomando la nación alemana, concretamente hacia lo que él consideraba el “absurdo rearme” prusiano). Otros de sus comentarios fue: “El mundo, y sobre todo también ‘Germania’, resulta cada vez más desagradable” “De los alemanes […] no cabe esperar gran cosa en ningún caso […] un pensamiento grande y de alto vuelo, si no es ordenado de arriba abajo — a la manera de Bismarck“.

 Como ha pasado con muchos grandes artistas, muchos políticos mediocres se han apropiado de la obra o de las ideas de los creadores, pervirtiéndola y adaptándola a sus propios intereses. Wagner, de quien se cumplen los doscientos años de su nacimiento es uno de los más claros ejemplos de “apropiación indebida” por parte de los políticos, en este caso incluso por parte de una banda criminal como fueron los nazis.

Guste Wagner o no, lo cierto es que a mi me emocionan muchas de sus obras, en especial esta que os dejo aquí: la Marcha fúnebre de Sigfrido.

Marcha fúnebre de Sigfrido

Games without frontiers

4 May

Jeux sans frontières, Juegos sin fronteras, como se llamó en España, era una especie de concurso televisivo creado por la UER (Unión Europea de Radiodifusión) en la década de los sesenta y que en España fue transmitido a finales de los ochenta; en este concurso equipos de distintos países y ciudades europeas competían entre si en una serie de actividades deportivas y de habilidad. Podríamos decir que era algo así como la versión “internacional” del más castizo Grand Prix.

En inglés, Games without frontiers, es el título de una canción de Peter Gabriel inspirada, precisamente, en dicho concurso (el verso “It’s a kockout” es, concretamente, el título que tenía el programa en el Reino Unido). Pero la canción tiene mucho más trasfondo que el puramente referido a ese show televisivo. Las referencias a la guerra fría son constantes en su letra. Estos días he constatado que esas referencias no son puramente subjetivas, la serie The Americans, la ha usado como banda sonora de cierre del último capítulo de la presente temporada.

Affiche de The Americans

Affiche de The Americans

The Americans

La letra de la canción es una especie de dardo dirigido contra el nacionalismo, algo que, curiosamente, desarrollaba con bastante éxito un programa que trataba de acabar con las fronteras. Recordemos que, en 1980, año de la canción , las UE no era, ni de lejos, la de hoy día. En aquella época aun era la CEE, la Comunidad Económica Europea, y sólo la formaban nueve países: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Italia, Franca  Alemania, El Reino Unido, Dinamarca e Irlanda. Europa era el tablero de juego de las dos superpotencias, era el escenario favorito de la Guerra Fría. No nos librábamos ni siquiera los periféricos, ahí teníamos (y tenemos) la Base de Rota para recordárnoslo. De esa guerra sin combates (“If looks could kill, they probably will”) va esta canción: “Juegos sin fronteras, guerras sin lágrimas, la misma está llena de referencias: Adolf Hitler, Enrico Fermi, son dos personajes reales que aparecen en la letra (“Adolf builts a bonfire, Enrico plays with it”). Pero hay otros metafóricos, como Sacha para referirse a los rusos o Britt para referirse a los británicos o al Reino Unido en general.

Games without frontiers

Hans plays with Lotte, Lotte plays with Jane
Jane plays with Willi, Willi is happy again
Suki plays with Leo, Sacha plays with Britt
Adolf builts a bonfire, Enrico plays with it
-Whistling tunes we hid in the dunes by the seaside
-Whistling tunes we’re kissing baboons in the jungle
It’s a knockout
If looks could kill, they probably will
In games without frontiers-war without tears
Games without frontiers-war without tears

Jeux sans frontieres

Andre has a red flag, Chiang Ching’s is blue
They all have hills to fly them on except for Lin Tai Yu
Dressing up in costumes, playing silly games
Hiding out in tree-tops shouting out rude names
-Whistling tunes we hide in the dunes by the seaside
-Whistling tunes we piss on the goons in the jungle
It’s a knockout
If looks could kill they probably will
In games without frontiers-wars without tears
If looks could kill they probably will
In games without frontiers-war without tears
Games without frontiers-war without tears

Jeux sans frontieres

Trabajos chungos I: Catadora de comidas para Hitler

8 Abr

Nada de chistes con ese trabajo, probar a diario la comida que iba a ingerir (dudo que disfrutase comiendo) Adolf Hitler debía ser una verdadera pesadilla y, (perdón por la broma) no sólo porque Hitler fuese vegetariano, sino por el evidente riesgo de morir envenenado.

Durante dos años y medio Margot Wölk, probó a diario las comidas del Führer en la Guarida del Lobo, en Prusia Oriental. Prueba de que trataron de envenenarlo es el hecho de que esta señora tiene 95 años y vive en Berlin.

Margot Wölk hoy día

Margot Wölk hoy día

Pero no sólo sobrevivió a un posible intento de asesinato por envenenamiento (que no ocurrió), como el propio Hitler también sobrevivió al atentando de Von Stauffenberg y las ofensiva rusa sobre Prusia Oriental: los soviéticos fusilaron a otras catorce catadoras. Sin embargo, no pudo escapar a las brutales violaciones llevadas a cabo por el Ejército Rojo al llegar a Berlín.

Por cierto, habrá que recordarle a Mike Rowe, presentador de Trabajos Sucios, del Discovery Channel que hay trabajos bastante más chungos que muchos de los que salen en su programa.

Más información sobre Margot Wölk, la web de Spiegel (en inglés)

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