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Diario alemán I

2 Ago

Mainz, seis y cuarto de la mañana, el sol ya está fuera y me dice que seguir en la cama es una pérdida de tiempo, sin embargo, mi cuerpo no parece muy dispuesto a seguir sus órdenes.
Me alojo en la Johannes Guttenberg Universtät de Mainz, no vienen al caso las razones. Anoche cené en una terraza frente a los cuarteles del ejército de Napoleón, muy cerca del Rhin. Siento que estoy en uno de esos rincones del planeta sobrecargados de historia, algo nada extraño para alguien que ha nacido en Cádiz.
Mi situación en Alemania es muy diferente a la de tantos jóvenes que, por culpa de la crisis y las descabelladas decisiones de nuestro gobierno, dejan huérfano de talento a nuestro país. Yo, en cambio, disfruto de mis vacaciones; durante dieciséis voy a recorrer la parte más occidental de Alemania.
Por ahora vgrandesainz, Maguncia para los españoles.

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El Quijote, en el Gutenberg Museum de Maguncia

Maguncia es una de las cunas del humanismo, aquí Gutenberg puso los medios para la difusión de las ideas en el Renacimiento: su imprenta de tipos móviles abarató la producción de libros y, por ejemplo, hizo posible que la Biblia llegara a todo el mundo, con lo que uno de los principios del luteranismo: la libre interpretación de las sagradas escrituras, pudo materializarse.

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La Utopía, de Tomás Moro, Gutenberg Museum, Mainz

Una pequeña ciudad de Alemania,  como títuló John Le Carré a una de sus novelas,  pero una de las grandes cunas de la cultura occidental

Richard Wagner y las “ganas de invadir Polonia”

23 May

Lo confieso: me gusta Wagner y, por lo general no me entran ganas de invadir Polonia. Personalmente, cuando escucho la música de Wagner tengo recuerdos una serie de tv sobre el compositor que vi allá por los años ochenta y, sobre todo, me recuerda a otras dos referencias audiovisuales:

El primero, mi primer acercamiento a Wagner un poco sui generis, todo hay que decirlo

Como decían en la memorable serie Rockefeller Plaza: “¡Matar al conejo!”

El segundo es el más repetido y, quizás, en el que mejor casan imágenes y banda sonora:

Se han dicho muchas barbaridades sobre Wagner, entre otras lindezas la de considerarlo nazi, algo bastante complicado, toda vez que nació en 1813 y murió setenta años después, en 1883, aun quedaban algunos años para que Adolf Hitler escribiese su Mein Kampf y naciese, como tal, la ideología nacional socialista. Tuve la fortuna, cuando era un adolescente estudiante de BUP, de tener un magnífico profesor de alemán en mi instituto que nos ayudó a perfilar una imagen más realista del genial compositor alemán. Por cierto, que este profesor no era sospechoso precisamente de ser nazi, ni siquiera derechista y, por más señas, era de Albacete.

Richard Wagner

Richard Wagner

Richard Wagner sólo tiene la culpa de ser un nacionalista alemán, por cierto, lo fue en una época en que la idea de una Alemania unida aun se estaba forjando, una Alemania unida que él sólo conocería en el tramo final de su vida. Sin embargo, los nazis sí tienen mucho que ver en la creación de este falso mito, se apropiaron de su música, de su estética y desde entonces, como hace Woody Allen en ese diálogo al principio de este post, hemos asociado la música de Wagner a los males del nazismo, a los horrores de la Segunda Guerra Mundial. También es cierto que escribió algunos textos antisemitas, pero no es menos cierto que en su círculo de amistades había una gran cantidad de judíos y no eran pocos, precisamente, los seguidores judíos de su obra.

En su juventud fue un anarquista revolucionario, fue compañero de barricadas de Mijail Bakunin. Lo cierto es que el compositor fue un hombre lleno de contradicciones, más o menos como todo el mundo. De hecho, aunque nacionalista y, en buena medida, recreador de mucha de la mitología alemana, Wagner tuvo innumerables muestras de desprecio hacia la forma que estaba tomando la nación alemana, concretamente hacia lo que él consideraba el “absurdo rearme” prusiano). Otros de sus comentarios fue: “El mundo, y sobre todo también ‘Germania’, resulta cada vez más desagradable” “De los alemanes […] no cabe esperar gran cosa en ningún caso […] un pensamiento grande y de alto vuelo, si no es ordenado de arriba abajo — a la manera de Bismarck“.

 Como ha pasado con muchos grandes artistas, muchos políticos mediocres se han apropiado de la obra o de las ideas de los creadores, pervirtiéndola y adaptándola a sus propios intereses. Wagner, de quien se cumplen los doscientos años de su nacimiento es uno de los más claros ejemplos de “apropiación indebida” por parte de los políticos, en este caso incluso por parte de una banda criminal como fueron los nazis.

Guste Wagner o no, lo cierto es que a mi me emocionan muchas de sus obras, en especial esta que os dejo aquí: la Marcha fúnebre de Sigfrido.

Marcha fúnebre de Sigfrido

Berlín noir: novelas para conocer la Alemania nazi

19 Ene

 

 

Berlin noir

Berlín noir

 Hace poco no pude evitar acordarme de uno de mis profesores en la facultad, José Luis Millán Chivite, quien ya nos dejó hace algunos años. Él solía decirnos que leyéramos menos manuales y más periódicos y novelas. La verdad es que esto nos lo tomábamos con cierto escepticismo, pero con muchas ganas, porque ¿a quién le amarga un dulce? Elegid vosotros ¿un tocho insoportable de manual o una novela que leer de un tirón?

  ¿Por qué me acuerdo de éste profesor ahora? Ya han pasado más de dieciséis años desde que aprobé su asignatura y dejó de ser mi profesor. Su consejo me viene ahora a la memoria y al blog, por una novela, o mejor aun por toda una serie de novelas: Berlín noir la serie de novelas de Philip Kerr, protagonizada por el detective Bernie Gunther.

No soy muy aficionado a la novela negra y sólo dos excepciones me hacen llevarme la contraria a mi mismo (los dos suecos, por cierto: Henning Mankell y Stieg Larsson), pero cuando leía una crítica de Jacinto Antón en Babelia acerca de esta serie no tuve más remedio que hacerme con la primera de ellas. Se trataba de Violetas de marzo, una lectura que no me duró más de tres días y que para desgracia de mi sufrida economía me obligó a buscar días después Pálido criminal…y después Requiem alemán, y acabé, por fin (y porque no hay más ), con Unos por otros. Estas novelas están protagonizadas por un detective al uso, ex policía, Bernie Gunther, es un tipo duro, en algunos momentos quizá demasiado, exento quizás de la ironía de sus homólogos norteamericanos, sin embargo, éstos no tuvieron que enfrentarse a la jerarquía del NSDAP, el Partido Nazi alemán.

El autor enhebra su ficción con hechos reales y con los acontecimientos políticos (y bélicos) de esos años, la serie resulta interesante más que por las tramas propiamente dichas, por el contexto histórico en que sucede. De la mano del investigador tenemos oportunidad de acercarnos a buena parte de la jerarquía del nazismo, y darnos una idea de sus costumbres y peculiaridades. La serie comienza (Violetas de marzo) en los días en que se celebraban los juegos olímpicos en Berlín, aquellos en los que un atleta negro, Jesse Owens, puso en entredicho la superioridad de la raza aria y concluye en los primeros años de la guerra fría (Unos por otros). Se avanza y se retrocede y en cierta manera se soslayan aspectos del pasado de Gunther, creo que intencionadamente, con la idea de que seamos nosotros mismos quienes tratemos de ver el grado de identificación de éste con el partido nazi.

La serie muestra la evolución que seguirá la sociedad  alemana a lo largo de los años que pervivió el régimen nazi. Vemos como se van iniciando las persecuciones de judíos, la represión de las ideas políticas contrarias al nazismo, el poder creciente de las SS., y la progresiva postergación y eliminación de las SA. En esos años también Bernie Gunther termina colaborando con las fuerzas nazis, forma parte de un Einsatzgruppe en Ucrania y participa en el exterminio de los judíos de esa región. Por el camino quedan intrigas que construyen un andamiaje perfecto para adentrarnos en lo que no es menos interesante: el conocimiento de la sociedad alemana del nazismo y la II Guerra Mundial.

Cuando leí estas cuatro novelas me di cuenta de que con ellas había aprendido más sobre esos temas que con buena parte de la bibliografía histórica. Creo que ahora se enriende mejor aquel consejo de mi profesor de la facultad.

Pd.: Gracias a Jose, de Ubi Sunt, por recordarme a Gunther y sus aventuras. Espero que mis alumnos sepan apreciar también las aventuras de este detective cínico y mujeriego. Por cierto, ya hay una quinta novela en inglés, a ver por donde sale… ¿Quizá en Argentina durante la posguerra?

 

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